01 diciembre, 2009

Un Colegio para otros tiempos

Todos los Abogados nos hemos formulado en alguna ocasión la misma pregunta: ¿para qué sirve el Colegio? La importancia de esa cuestión no radica tanto en la frecuencia con la que se repite sino en el mero hecho de que se formule.

Un ente corporativo al que nos vemos obligados a pertenecer debería desarrollar su actividad de forma que todos los compañeros reconociéramos su utilidad de manera inmediata y sus beneficios en nuestro quehacer diario. Por desgracia la inercia colegial de los últimos años nos ha acostumbrado a asumir el Colegio como una carga que hemos heredado del pasado y que nos vemos obligados a soportar con resignación como si formase parte del paisaje.

Sin embargo lo cierto es que la realidad de la profesión y de la sociedad en la que desarrollamos nuestra labor ha cambiado y el Colegio no puede cerrar los ojos ante los retos y nuevas exigencias que implican una sociedad abierta y dinámica ni hacer oídos sordos al clamor que se escucha en el censo colegial. La reciente normativa derivada de la transposición de la Directiva europea de servicios, la Ley Ómnibus y la futura Ley de Servicios Profesionales no dejan lugar a dudas sobre el fin del viejo modelo colegial y la ineludible necesidad de reformar el Colegio, sus fines y los principios que rigen su funcionamiento.

Nuestro Colegio necesita una profunda renovación para dar una respuesta satisfactoria a la pregunta que inspira esta propuesta. ¿Para qué sirve el Colegio? El Colegio sirve para proteger nuestros intereses profesionales y ofrecer servicios de calidad a los Abogados y a la consecución de dichos fines debe comprometerse su gestión, organización y funcionamiento.

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